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sábado, 11 de agosto de 2018

Concierto de verano...

Yo voy a conciertos todo el año, pero la mayoría caen en verano. Pienso que el amor y la música se complementan, y se me ocurrió la historia que hoy os presento.

Imagen: la foto es mía.





NOSTALGIA DEL FUEGO

Ya salen: guitarra, batería, bajo,
el saxofonista, y el de los teclados.
El cantante se hace de rogar un rato
pero tiene el tiempo muy bien calculado
para que el aforo estalle en aplausos
cuando él aparezca, de rojo ataviado,
haciendo sus poses de chulo de barrio.
Sí, puede que añoren los tiempos pasados
cuando eran capaces de llenar estadios
pero ellos se entregan sobre el escenario
y tú estás delante, con ella a tu lado.
Este no está siendo vuestro mejor año
y las discusiones son lo cotidiano.
Incluso el divorcio, cual buitre leonado,
desde las alturas planea acechando.
Pero ambos sabíais que esto era sagrado,
contabais los días para reencontraros
otra vez con vuestros ídolos de antaño.
Así que hoy hay tregua, un pacto callado
que os mantiene juntos, y paladeando
vuestras dos cervezas en vasos de plástico.
Las canciones traen recuerdos tan gratos
que en comparación resultan amargos.
¡Ay, aquellos jóvenes tiempos alocados!
Todo parecía menos complicado.

Llega la balada, y un bosque de manos
en la dulce noche luce sus smartphones.
Levantas el tuyo sintiéndote extraño.
Nostalgia del fuego, las llamas brillando…
¡Los mecheros daban mucho más encanto!
Cuando se termina, os veis atrapados
en una marea de besos y abrazos
y con la corriente, también vuestros labios
se unen en un beso con aliento amplio.
En ese momento, no existen agravios
y todos los pesos parecen livianos.
Un fugaz instante, porque de inmediato
entre vuestros cuerpos renace el espacio.
Ambos sonreís, un poco azorados.
Los ojos preguntan: “pero, ¿qué ha pasado?”.
La única respuesta son hombros alzados.
No hay tiempo de más, porque están sonando
los viejos acordes del que es su gran clásico,
la canción que todos están esperando.
Hay saltos, aullidos, mil puños en alto
y un coro infinito que vibra entonando
palabras que dejan el aire temblando.

Bailan los colores, sigue el espectáculo.
Pies y corazones van acompasados.
El guitarrista hace su solo más largo
(dedos en el aire tratan de imitarlo)
y el concierto alcanza ya su final falso.
Regresan tras irse (el típico amago)
y anuncian dos temas que son un regalo.
Gozáis sin mesura con el arrebato
que comparten tantos sudores hermanos.
Luego reverencias, ovación y halagos,
vuelan las baquetas, y esto se ha acabado.
“¡Geniales!” “¡Qué grandes!” “Brutal” “Me ha encantado”.
“¿Tomamos la última?” “No, mejor nos vamos”.
“El coche, ¿recuerdas dónde lo dejamos?”.
“Me acuerdo, tranquilo. Está más abajo”.
Emprendéis la marcha de camino al auto
y tú te preguntas si hay que intentar algo.
En un movimiento bastante arriesgado
rozas su muñeca con sumo cuidado
y ella corresponde cogiendo tu mano.
Luego, fugazmante, volvéis a miraros.
Eso será todo, lo tenéis muy claro.
¡Tan frágiles son los acuerdos tácitos!
Por eso ninguno quiere estropearlo
y así, de la mano, seguís caminando,
los dos en silencio, los dos deseando
que la tregua alcance a todo el verano.

¿Existe el futuro? Mejor no pensarlo,
y dejar que todo vaya paso a paso.
Cierto es que ninguno creéis en milagros,
el cinismo ha hecho muy bien su trabajo.
Pero es que hoy los músicos os lo han demostrado:
El “Rock” no está muerto. Sólo está cansado.

sábado, 13 de julio de 2013

Hoguera de campamento...

Ya estoy de vuelta. Qué bien se está de vacaciones. Últimamente no me prodigo mucho, pero espero solventar eso pronto. Estamos en verano, y me he decidido por un poema-cuento, o un cuento-poema. La idea era escribir algo digno de recitarse de noche, al aire libre, delante de un grupo de niños y adultos sentados, formando un corro, alrededor de una hoguera de campamento. A ver qué os parecen estos 200 dodecasílabos asonantes con cesura.

Imagen: por una vez, la foto es mía



LOS NIÑOS DE LA NIEBLA
(Balada de Trino y Enebro)

Con un vaso roto la historia comienza.
Un vaso que rompe por simple torpeza
un niño de ocho años que se llama Esteban.
Como reprimenda, su padre le pega
cuatro bofetadas con la mano abierta.
Después, con un grito, su madre le ordena
que se vaya al bosque para traer leña
pues aunque es verano, en la solariega
casa que alquilaron, sita en la ladera
de un boscoso monte, cerca de una aldea,
hay algunas noches en que el frío aprieta.
El niño obedece, recoge una cesta
y, muy compungido, sale por la puerta.
Sus padres le pegan con mucha frecuencia
y, mientras camina, el pequeño piensa
que no está seguro de que ellos le quieran.
- “Era sólo un vaso, un vaso cualquiera”,
se dice a sí mismo lleno de impotencia.
Absorto en su amarga y muda tristeza
no mira hacia dónde le llevan sus huellas,
da pasos sin rumbo entre la arboleda
recogiendo ramas que arroja en la cesta.
Al cabo de un rato, cansado, se sienta
y entonces se alarma, porque se da cuenta
de que se ha perdido. No tiene ni idea
de por dónde ha ido ni dónde se encuentra.

Sabe que si tarda le espera una buena,
y empieza a llorar, cuando por sorpresa,
una voz que dice, infantil y tierna:
- “¿Quieres ser mi amigo?”, a su espalda suena.
Esteban se asusta, y se da la vuelta.
Subido en el árbol que se halla más cerca
hay un niño extraño que alegre le observa.
Su cabello es verde, y su ropa es negra.
Esteban pregunta, con cierta cautela,
mientras con la manga sus lágrimas seca:
- “Hola, ¿tú quién eres?”; y el niño contesta:
- “Yo me llamo Trino, y tú eres Esteban”.
- “¿Cómo sabes eso?”. Trino se descuelga
del árbol de un brinco, se acerca a su vera
y entonces responde: - “Por esa cadena
que llevas al cuello, con tu nombre en ella”.
- “¿Y desde tan lejos podías leerla?.
No puedo creerlo. ¡Qué vista  más buena!”.
- “¿Estabas llorando?”, Trino se interesa.
- “Es que me he perdido”, Esteban confiesa.
- “Pues no tengas miedo. ¡Estas son mis tierras!
Me sé de memoria caminos y sendas.
Te llevaré a casa, pero antes... ¡espera!
Muy cerca hay un lago, y también hay cuevas.
Si vienes conmigo, te llevaré a verlas”.
Con una sonrisa, Esteban acepta
y siguiendo a Trino por una vereda
se interna en el bosque, dejando la cesta.
Trino es muy gracioso, y pronto congenian.
Los dos se persiguen entre la floresta
y chillan y corren y ríen y juegan.

Llegados al lago que Trino dijera,
ambos se despojan de sus vestimentas
y nadan desnudos en las aguas quietas.
Después de nadar, se echan en la hierba
permitiendo al sol dejar su piel seca.
Hay rasgos de Trino que a Esteban le inquietan:
que manchas mohosas recubren sus piernas,
que tiene en el pecho verdosos eccemas,
que son puntiagudas sus grandes orejas
y que el pelo verde que hay en su cabeza
más parece musgo que allí le creciera.
Pero no parece que nada le duela,
es un niño alegre de risa sincera,
nada como un pez, y es un gran atleta:
trepa por los árboles con gran ligereza,
se baja de un salto, y da volteretas.
Esteban lo pasa muy mal en la escuela
pues sus compañeros jamás le dan tregua:
es blanco de burlas, pelele en peleas
y nunca ha tenido amigos de veras.
Así que decide obviar las rarezas
y seguir con Trino, pues puede que fuera
el mejor amigo que jamás tuviera.

Luego de vestirse, Trino lleva a Esteban
cerca de la cima, donde están las cuevas.
Juegan a esconderse, y después se esmeran
en proferir voces que el gran eco aumenta.
Allí, medio oculta, hay una escalera
tallada en la roca. Ascienden por ella
y tras deslizarse por un par de grietas
alcanzan un claro entre grandes peñas.
Trino alza su brazo y toca una piedra,
hace un gesto extraño, luego canturrea
y en la misma roca, Esteban contempla
por arte de magia, abrirse una puerta.

Una hora más tarde, el niño despierta.
Está bajo un sauce, echado en la hierba
y a sus pies se halla la cesta de leña
repleta de ramas de las que no acierta
a recordar cuándo pudo recogerlas.
Se acuerda de Trino, pero sólo alberga
una impresión vaga de lo que ocurriera.
- “Tal vez lo he soñado”, dice con tristeza.
Entonces advierte que el pueblo está cerca
y, rápidamente, vuelve a la carrera
a la casa donde sus padres le esperan
bastante enfadados, como ya previera. 

Esa noche es clara, y en la luna llena
un presagio oscuro se instala en la aldea.
Nadie se emborracha hoy en la taberna.
Todos sienten miedo, y todos se encierran.
Cuando dan las doce, una bruma espesa
desciende del monte y al pueblo rodea.
Dentro de las casas, los ancianos tiemblan
pues ellos conocen las viejas leyendas.
Algo más arriba, en la solariega
casa de montaña, Esteban se queja.
Han vuelto a pegarle después de la cena
por haber tardado tanto con la leña:
nueve latigazos con una correa
en la piel desnuda de nalgas y piernas.
Echado en la cama, triste se lamenta
cuando de repente, un ruido le llega
desde la ventana. Esteban bosteza,
se levanta a ver, y atónito observa
a su amigo Trino flotando en la niebla
que con sus nudillos el cristal golpea.

Fascinado y mudo, Esteban se acerca
y abre la ventana. Trino ríe, entra,
le da un fuerte abrazo, y luego le cuenta:
- “¡Gracias! Buenas noches, mi querido Esteban.
Hay algo importante que quiero que sepas.
Mi corazón hace ya tiempo que anhela
tener un amigo, alguien que pudiera
compartir mis juegos, y ser mi colega.
No sé si conoces las historias viejas
de duendes del bosque que a veces se cuentan.
Pues yo soy un niño de esa raza añeja
y en estos parajes mi madre gobierna.
Hoy, tras conocerte, me ha dicho que acepta
transformarte en duende si así lo deseas.
Podrás hacer magia, volar en la niebla,
hablar con los plantas, hablar con las fieras
y otras maravillas que tal vez no creas.
Pero existe un precio para esa propuesta
y es que deberás olvidar quién eras”.
Esteban no sabe qué hacer y se queda
inmóvil un rato, al tiempo que piensa
en cómo se burlan de él en la escuela,
y en sus propios padres, que siempre le pegan.
No hay nada en su vida que valga la pena,
ni amigos que el nombre de amigo merezcan.

Cuando esa mañana, sus padres despiertan
y van a su cuarto, allí sólo encuentran
la cama vacía, la ventana abierta
y en el suelo restos de musgo y de tierra.
Le llaman a gritos: “¡Esteban! ¡Esteban!
pero nadie viene, y nadie contesta.
La búsqueda dura semanas enteras.
Cientos de personas toman parte en ella.
Buscan en el bosque, buscan en las cuevas,
se emplean aviones, técnicas modernas
y perros expertos que todo rastrean.
Algunos descubren aquella escalera
que parece parte de una antigua senda
y llegan incluso al claro entre piedras,
pero allí no hay trazas de ninguna puerta
pues sólo la magia hará que aparezca.
Nada se consigue, nada se demuestra,
no se encuentran rastros, ni pruebas ni huellas
y, sin resultados, al fin se cancela
la búsqueda, mientras los padres de Esteban
lloran, desfallecen y se desesperan.
Desde ese momento y hasta que se mueran
vivirán su vida como una condena
añorando al hijo que un día perdieran.

Todo se halla en calma bajo las estrellas
cuando vuelve a abrirse la mágica puerta
y Trino y su madre se asoman por ella
seguidos del niño que ya no es Esteban.
Su nombre es Enebro, y ya no recuerda
que tenía padres y que iba a la escuela.
Con su amigo Trino nada, corre y juega,
y es, como su amigo, un ser de leyenda,
un duende del bosque que flota en la niebla,
y su pelo es verde, y su ropa es negra.

Amables lectores de este gris poema,
dejad que este humilde cronista os advierta
que si tenéis niños, esa dulce y buena
bendición de risas y manos traviesas,
no los maltratéis, no sea que quieran
hacer como hizo el pequeño Esteban.
Y si vais un día por aquellas tierras
y veis que en la noche, una bruma espesa
sobre vuestra casa se cierne siniestra
id al cuarto donde vuestros hijos duerman
y abrazadlos fuerte para que comprendan
que los amáis más que a nada en la Tierra.
Pues si no lo hacéis puede que suceda
que vuestros retoños, si ya no os aprecian
se marchen con Trino y Enebro en la niebla,
que luego os olviden, y que nunca vuelvan.

sábado, 23 de febrero de 2013

Consuelo...

...es todo lo que podemos ofrecerle a un amigo cuando pierde a un ser querido. Consuelo y cariño. Y recordarle que nadie, nunca, se va del todo. Este poema es para Óscar, y para todos aquellos que, también, hoy echan de menos a alguien. Es decir, para todos.

Imagen: J.A.V.I.



CONTIGO

No me busques en el susurro del viento.
No me busques en el rumor de las olas.
No me busques en la luna y las estrellas.
No me busques en los campos o en los montes.
No me busques entre las nubes del cielo.
No me busques entre las gotas de lluvia.
No me busques en los muebles ni en los libros.
No me busques tras la piedra con mi nombre.

Yo voy a estar en los labios que te rocen,
y también en los abrazos que recibas.
Yo voy a estar en las caricias que sientas.
Yo voy a estar en la voz de tus amigos.
Yo voy a estar en todos los corazones
que laten en sintonía con el tuyo.
Yo voy a estar en los ojos que te quieren.
Yo voy a estar en la risa de los niños.

domingo, 27 de enero de 2013

El hombre es lobo...

...para el hombre, escribió Plauto. Y lo vemos cada día, así como también vemos la inmensa capacidad de autoengaño que tenemos, y que es útil para no desesperarse, pero también facilita que nos creamos (o mejor dicho: que queramos creernos) las mentiras que nos cuentan. Nota: aquí en Asturias llevamos ya más de dos semanas seguidas con mal tiempo, sin apenas descansos, y empiezo a estar cansado. Creo que debe ser eso lo que me ha inspirado esta recapitulación. Personas depresivas absténganse de leerlo.

Imagen: Retron





LUNA MENTIROSA

Aire frío, en las fronteras del tiempo.
Ya le queda muy poco a mi cuerpo enfermo.
Copos blancos caen sin tregua del cielo,
y el paisaje se transforma en un desierto
monocromo, tan terrible como bello.
Sólo rompe su monótono criterio
el pelaje gris de los cánidos fieros
que recorren en manadas el terreno,
incansables, a la busca de alimento.
A menudo dicen que nos parecemos:
dos especies con un estigma siniestro
sometidas a un sistema de derechos
parecido, con jerarquías y sesgos.
Muchas veces, cuando como hoy los observo,
me pregunto cuáles serán sus anhelos,
si se aferran, como nosotros hacemos,
a un conjunto de elaborados misterios,
fantasías, supersticiones y miedos.
¿También ellos ven traicionados sus sueños?
Y los lobos aúllan al firmamento,
y la luna les continúa mintiendo.

Un sonido distrae mis pensamientos:
el crujido de las vigas por el peso
de la nieve que se acumula en el techo.
Aún resiste las embestidas del viento
la cabaña que alberga el cuarto pequeño
donde yazco, acostado en mis recuerdos,
evocando como único consuelo
el amor que viví, cruel y verdadero,
en los años que siempre estaba despierto.
Un mar era, embravecido y violento,
que inundó mis sensaciones por completo.
Mas sus olas ya no rompen en mi lecho.
Quién diría que aquel febril sentimiento
jubiloso, fuera tan frágil por dentro.
Yo quería dominarlo con mi empeño,
mantenerlo siempre amarrado a mi puerto,
y lo que hice fue derribar sus cimientos
sin siquiera saber lo que estaba haciendo.
Y los lobos aúllan al firmamento,
y la luna les continúa mintiendo.

A través de la ventana alta contemplo
la montaña que se levanta a lo lejos.
En las minas que la horadan hasta el centro
los esclavos quiebran su espalda extrayendo
el metal con el que forjan los herreros
las cadenas que lastran sus movimientos.
¿Saben ellos que se encuentran prisioneros?
No se escuchan latigazos ni lamentos
y no hay guardias armados frunciendo el ceño.
Hace mucho que sus amos descubrieron
que trabajan mejor así y más contentos.
Hasta incluso les han dado el privilegio
de, votando, poder elegir entre ellos
capataces que dirijan sus esfuerzos.
Los grilletes y las argollas de hierro
les han dicho que son para protegerlos,
y ellos mismos, convencidos de creerlo,
los ajustan a sus tobillos y cuellos.
Y los lobos aúllan al firmamento,
y la luna les continúa mintiendo.

Está ciego, el pozo de los deseos.
Da lo mismo, la gente sigue acudiendo
y arrojando sus monedas en el cieno.
En los centros de culto siguen los rezos,
las perennes encomiendas a lo eterno
y los mismos sacerdotes altaneros
con el mismo sermón en todos los credos:
que los dioses bendicen el sufrimiento
y debemos predicar con el ejemplo
para hacernos merecedores de un premio
estupendo cuando nos hayamos muerto.
Yo no quise obedecer el consejo
mas no siempre logramos lo que queremos.
Vieja Dama, no me encontrarás sonriendo
cuando llegues, pero ya voy comprendiendo
que no tienes prisa en aliviar los duelos.
Permaneces en tus cuarteles de invierno
aguardando que nosotros te brindemos
el momento de salir a nuestro encuentro.
Y los lobos aúllan al firmamento,
y la luna les continúa mintiendo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La violencia ritualizada...

Bueno, ya estoy de vuelta. Se me han terminado las vacaciones de Noviembre, que me han tenido bien ocupado pasándomelo bien. ¿Me habéis echado de menos? Al tema: El pasado 19 de Noviembre fue el Día Internacional de la Prevención del Abuso contra los Niños, así que es buena ocasión para rescatar este poema que escribí hace ya algún tiempo.

Imagen: procede de la película danesa de 1993 "Kådisbellan", dirigida por Åke Sandgren.




COSTUMBRE

Lo primero siempre es una bofetada,
un estallido feroz en la mejilla
que precede a la sentencia acostumbrada,
que no por habitual es menos temida.

Le acompañas hasta tu cuarto en silencio
mientras recita las frases consabidas:
el “ya sabes que no me gusta hacer esto”
y el “me duele más que a ti”, todo mentiras.

Te ordena que te bajes los pantalones
y te dice que te inclines en la silla.
Uno a uno empiezan a caer los golpes.
La madera silba y ¡zas! tu carne vibra.

Aprietas ojos y puños intentando
resistir estoicamente la paliza,
pero sabes bien que es un esfuerzo vano
porque él nunca se detiene hasta que gritas,

hasta que todo tu frágil cuerpo es llanto
y toda tu resistencia está vencida,
tus ojos arden de lágrimas y espanto,
como arde también tu piel enrojecida.

Finalmente se aparta: ha terminado.
Escuchas la agitación con que respira.
Te levantas y te vistes muy despacio
mientras tiemblas de dolor, vergüenza e ira.

Entonces te dice: “mírame a la cara”
pero tú no quieres levantar la vista,
y solamente tras otra bofetada
la levantas y la bajas enseguida.

Se burla de que no aguantes su mirada,
postula que es tu “conciencia arrepentida”
la que te hace tener la cabeza baja
y “espera” que "la lección esté aprendida".

Que se invente lo que dé gusto a su ego.
La verdad es más crüel y más sencilla:
no soportas ver su rostro satisfecho
en el que apenas se oculta una sonrisa.

domingo, 1 de julio de 2012

Simplemente, prueba...

Normalmente publico cosas que llevan escritas algún tiempo, tras correcciones y revisiones varias. Pero este es reciente reciente, lo he escrito a lo largo del día (y la noche) de hoy. Y no veo razones para modificarlo. Juzgad vosotros si me estoy volviendo blando conmigo mismo.

"Have you heard that it was good to gain the day? I also say it is good to fall, battles are lost in the same spirit in which they are won."
(¿Has oído que fue buena la victoria? Yo también digo que es buena la derrota, las batallas se pierden con el mismo espíritu con el que se ganan).
WALT WHITMAN

Imagen: J.A.V.I.



POSIBILIDADES

Inquietantes, oscuras o luminosas,
cómodas o arriesgadas, engañosas...
se presentan en la vida las opciones.
Hay en la senda tantas bifurcaciones
que te pierdes en un bosque de consejos
y puedes creerte cerca estando lejos.
Hay quien persigue, ciego, un espejismo 
sin ver que se está hundiendo en el abismo.
¿Pero acaso es más feliz el apacible
que escoge siempre el camino más factible
y contempla a distancia las emociones
envidiando con tristeza las pasiones
que llevan a otros a vivir aventuras?
¿No son a veces sensatas las locuras?
Puede existir dulzura tras un mal trago.
Hay quien se cubre de oro haciendo el vago
y quien nunca recibe el premio a su esfuerzo.
La impredecibilidad es un almuerzo
que tenemos que comernos cada día.
Siempre puede tocarte la lotería
pero es más fácil que salgan otras bolas.
Si hay oportunidades que llegan solas,
también muchas es posible fabricarlas
y algunas basta con salir a buscarlas.
Si al final no logras nada, ¿qué has perdido?
Al menos le robaste tiempo al olvido.
No dejes que el futuro te halle sentado.
Enfréntate al destino. Arroja el dado.

sábado, 5 de mayo de 2012

Un retrato genérico...

El rumbo político que llevamos es tan apasionante, que he decidido rendir mi particular homenaje a los titanes que nos gobiernan, a esos hombres y mujeres que han decidido cargar sobre sí tan enorme responsabilidad, como el Atlas mitológico sostenía el universo. Habrá excepciones, por supuesto, pero ahora mismo esta es la imagen genérica (¿genética?) que me inspira la política española.


Imagen: Lalupa




ATLAS

Oh tú, sin par, grande y poderoso Atlas
que el peso del mundo llevas en tu espalda.
La maldad nunca se asoma a tu mirada,
se te da de maravilla disfrazarla.
Te quedan muy bien el traje y la corbata,
llevas la pose de líder ensayada
y, presta siempre a salir cuando haga falta,
la mentira agazapada en la garganta.

Tiemblo al escucharte, oh proverbial Atlas
porque, sin ningún rubor, cuando declamas
tu boca se llena de grandes palabras
estratégicamente dosificadas:
"trabajo", "justicia", "cambio", "esperanza",
las temibles "calidad en la enseñanza"
y la peor, "libertad", que es la más falsa,
la que en tu voz suena más ruin pronunciada.

En tus discursos, valiente y sabio Atlas,
te gusta hablar de verdad y de confianza
pero, ¿de verdad sabes de lo que hablas?
La verdad nunca aparece reflejada
en esas estadísticas agregadas
que tu equipo de asesores te prepara
y cuyas cifras con soltura desgranas
en debates, alocuciones y charlas.

¿No entiendes por qué te odian, noble Atlas?
Suprimes ayudas a gente necesitada,
facilitas el despido, lo abaratas,
ahogas a las personas que trabajan
y al mismo tiempo, y con la misma cara
les lames el ojete y las sucias nalgas
a los especuladores y a la banca,
y alivias sus pérdidas con nuestra pasta.

No dejes que te perturbe, bravo Atlas,
la visita a los juzgados que te aguarda.
Tu amigo el juez ya te llamó esta mañana
para decirte que no te preocuparas,
que del juicio tú saldrás limpio y sin tacha
y que si alguna condena es necesaria
para aplacar la ira feroz de las masas,
culparán de todo… a la secretaria.

Cómo sufres por nosotros, mi buen Atlas.
¡Qué pesada debe resultar tu carga!
Menos mal que ya tienes garantizada
una jubilación multimillonaria
junto a un cargo de asesor, alguna plaza
de esas en las que cobras por no hacer nada
en alguna empresa afín, que así te paga
favores prestados cuando gobernabas.

¿Debería tenerte lástima, Atlas?
Ya no sé si nos engañas o te engañas.
¡Tal vez tú mismo te creas tus patrañas!
Mas si cupo alguna vez en tus entrañas
la inmaculada ética que proclamas,
la conciencia tendrás cubierta de llagas.
Si es que aún tienes conciencia, que me extraña.
Debe estar tan podrida como tu alma.