Es lo que nos están dejando: nada. Camino llevamos de que cada vez haya más estampas como esta. Otra vez un poema triste, a ver si el próximo me sale más alegre.
Imagen: Carlos Becerra
ELEGÍA
Nada. No queda nada. Nada. Nada.
Se lamenta el obrero ante el espectro
de lo que no hace mucho era la fábrica
donde sus diestras manos entregaron
el talento de sus mejores años.
Observa triste las paredes sucias,
la basura esparcida, los escombros,
los cristales rotos, el abandono,
la opresiva vacuidad del espacio,
y se acuerda de cuando allí latían
el corazón, la ilusión, el orgullo
y la prosperidad de la comarca.
Los ojos no se acostumbran al cambio,
las ausencias se clavan en su carne,
y el silencio se torna angustia física
en el inmenso y tétrico vacío.
Ya no se oyen las risas y las bromas
entre los compañeros de trabajo.
Ya no se escucha el ruido de las máquinas.
Han desaparecido aquellas prisas,
los bostezos, las miradas furtivas,
las miradas confiadas, el cansancio,
el aroma dulzón de la rutina.
Ya no quedan órdenes por cumplir,
ni hay que satisfacer ningún pedido.
¡Qué sensación de muerte donde antes
hubo tantas vidas entretejidas!
¿Qué fue de los sudores compartidos?
¿Para qué tantas horas regaladas?
¡Tantas preocupaciones inquietas
alterando su vida familiar
para desembocar en esta ruina!
Ya sólo conviven en el silencio
las sombras, los ecos y los fantasmas.
Nada. No queda nada. Nada. Nada.
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viernes, 29 de marzo de 2013
sábado, 20 de octubre de 2012
Conoce a tu enemigo...
...como se suele decir. A estas alturas, yo creo que todos tenemos una ligera idea de cómo se ha generado la crisis que padecemos. Pero, por algunas frases que he escuchado últimamente (del tipo de "el dinero no desaparece" y cosas así), me he dado cuenta de la cantidad de gente que no conoce el mecanismo que intentaré explicar en el poema de hoy, y que está en la raíz misma de la crisis: la rueda gigantesca del apalancamiento, esto es, la creación desmedida de dinero ficticio por parte de la banca. En la medida de mis pocas posibilidades, mi objetivo aquí es solventar esa ignorancia y abrirle los ojos a alguno que otro. Señoras y señores, con ustedes "el sistema":
Imagen: Eduardo Alonso Álvarez
Imagen: El blog salmón
Imagen: Eduardo Alonso Álvarez
EL DINERO NO EXISTE
El dinero
no existe, es un puro artificio.
Aunque
cueste creerlo, casi todo es ficticio,
un ardid de
los bancos en pos del beneficio.
Pero por
culpa de ello… vamos al precipicio.
Si digo que
es ficticio, no me malinterpretes.
Está claro
que existen monedas y billetes
que los
bancos centrales emiten con membretes,
pero son
fruslerías, unos meros juguetes.
Más del
noventa y cinco por ciento del dinero
que circula, a diario, por nuestro mundo es huero,
no existe
realmente, es humo financiero
creado por
los bancos en virtud de su fuero.
Porque los
bancos juegan con el albur taimado
de que
aquellos que tengan su dinero ingresado
sacarán de su cuenta, de media (y es probado)
sacarán de su cuenta, de media (y es probado)
un porcentaje enano de lo depositado.
El dinero efectivo que nunca es reintegrado
se emplea como base para el desaguisado,
pues su importe se presta… ¡pero multiplicado!
Por diez o veinte o treinta… lo que tengan pensado.
El truco
tiene nombre: el “apalancamiento”.
Es generar
dinero sin ningún fundamento,
dinero que
tan sólo existe como asiento
en las
cuentas del banco, por lo demás es cuento.
Y lo más
divertido: aunque suene irreal,
tal dinero
ficticio… ¡es de curso legal!
Se admite
como pago de manera normal.
¿Tú nunca
has hecho uso de dinero virtual?
Pues los bancos se esfuerzan con denuedo en lograr
que el uso del dinero real tienda a bajar,
y para ello se inventan maneras de pagar
en las que el efectivo no se tenga que usar.
Pues los bancos se esfuerzan con denuedo en lograr
que el uso del dinero real tienda a bajar,
y para ello se inventan maneras de pagar
en las que el efectivo no se tenga que usar.
Piensa en
las transferencias, las domiciliaciones,
los pagos
con tarjeta, todas las inversiones,
los adeudos
en cuenta y otras operaciones
que los
bancos fomentan… por muy buenas razones.
El dinero
ficticio se mueve por millones
en órdenes
de compra y de venta de acciones,
deuda
pública, letras, bonos, obligaciones
y también
derivados: futuros, swaps, opciones…
En proporción, de un préstamo vendría a ser “real”
tan sólo
una pequeña parte del nominal.
Pero al
hacer el cálculo de la deuda total,
el interés
se aplica… ¡a todo el capital!
Es mejor
para un banco prestarte cien que ochenta
pues cuanto
más te presta, más interés le renta.
Y el dinero
preciso… ¡el banco se lo inventa!
Lo crea en
el momento que lo anota en tu cuenta.
Cuando el
préstamo, luego, va siendo amortizado
según tú,
poco a poco, les pagas lo adeudado
de acuerdo
con las cuotas que te han estipulado…
¿Qué sucede
en el banco con lo que te han cobrado?
Que con los
intereses su beneficio crece,
el capital
“real” se salda y prevalece,
y a lo que
era ficticio ¿sabes qué le acontece?
Hablando
claramente: ¡pues que desaparece!
¿Vas
entendiendo ahora los préstamos inflados
para pagar
los pisos de precios engordados?
Era una
simple apuesta, era un juego de dados.
Por ir
ellos por lana, salimos trasquilados.
Un préstamo
se hace por una previsión
de riqueza
futura, por una producción
que se
espera que luego compense la inversión.
El
apalancamiento se permite en razón
de que
considerado de esta forma, sería
un cierto
estimulante para la economía.
Pero cuando
el sistema bancario se confía
y se emite
dinero ficticio en demasía
eso sólo
genera especulación pura,
una bola
que crece y crece mientras dura
hasta que
al final cae como fruta madura,
estalla la
burbuja, y empieza la tortura.
Pero,
naturalmente... ¡eso ya ha sucedido!
El dinero
ficticio globalmente emitido
sobrepasó
la lógica, la razón y el sentido.
Y el
sistema completo terminó corrompido.
Gobiernos,
parlamentos, toda la jerarquía
de
organismos rectores (B.C.E. y compañía),
las
agencias de rating, firmas de auditoría…
¿Por qué
ninguno de ellos hizo lo que debía?
Nadie le
puso freno ni trabas a la rueda.
Todos “participaban” de esa gran humareda,
y afirmaron ufanos que iba como la seda
hasta momentos antes del “¡sálvese quien pueda!”.
En España
tuvimos la moda del ladrillo,
con todos
los sectores adorando su brillo.
Para los
bancos era un negocio sencillo:
el dinero
ficticio se generó a porrillo
y con él
financiaron tanto a los constructores
que hacían
las viviendas, como a los compradores.
La
situación atrajo a muchos inversores.
Y todos actüaron como especuladores.
Cegados por
el lucro, se arriesgó demasiado
y ahora no
hay manera de que quede saldado.
De resultas
tenemos al país arruinado
por deudas
generadas con dinero inventado.
Y así se
desarrolla esta historia tan triste.
Aunque te
hayas reído, esto no es ningún chiste.
Todo lo que
nos cuentan, todo lo que creíste,
todo es una patraña. ¡¡El dinero no existe!!Imagen: El blog salmón
sábado, 14 de julio de 2012
Están entre nosotros...
... y son muchos. El fenómeno no se limita ni mucho menos a España, pero aquí ciertamente goza de buena salud. Espero que no tengáis que tratar demasiado con estos tipos.
Imagen: J.A.V.I.
Imagen: J.A.V.I.
CERRILES
El deporte de "sentirse ofendido"
hoy se practica mucho en nuestras pistas,
y tenemos grandes especialistas:
profesionales del malentendido.
Viven en su mundo
empequeñecido
limitado por cortantes
aristas,
y desprecian con altivez las
vistas
más allá de los muros que han
construido.
Se sienten orgullosos de su
odio
y es grande su afán de
protagonismo:
les basta cualquier mínimo
episodio
para protestar contra un
espejismo
y creerse campeones en el
podio
de su tonto e infantil provincianismo.
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