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domingo, 4 de noviembre de 2012

No es sólo una estadística...

Cuando oímos o leemos las aberrantes cifras de paro en nuestro triste país, ¿nos acordamos de que se refieren a personas? Nuestros gobernantes desde luego parece que no, ya que el paro sigue sin ser una prioridad para ellos, por más que digan. Las medidas que se toman van encaminadas a corregir el déficit público y aliviar la situación de los bancos. El desempleo y el drama social que conlleva son, por lo visto, algo secundario.

Imagen: Carlos Becerra




LAS HORAS

Es otoño...
Es otoño...
Es sólo otoño en España
y otoño en este hemisferio,
pero ya hace más de un año
que tú vives en invierno,
y que la calefacción
es solamente un recuerdo.
Y el sol nunca te calienta
porque tu frío es interno,
y lo sientes en el alma,
y lo sientes en los huesos,
y te parece que habitas
entre paredes de hielo,
y son frías tus sonrisas
y hasta son fríos tus besos.

¿Y qué haces?...
¿Y qué haces?...
Levantarte en la mañana,
llevar al niño a la escuela,
y luego buscar la forma
de que las horas se muevan,
y a lo mejor ir de compras
al Día o al Alimerka
con una calculadora
funcionando en tu cabeza,
pasando de largo cosas
que antes iban a la cesta,
y después volver a casa
y encontrar a tu pareja
con los ojos lacerados
de tantas noches en vela.

Se marchita...
Se marchita...
Vuestra vida se marchita.
No hay color en vuestro cielo,
no tienen olor las flores
ni sabor los alimentos.
Primero uno, luego el otro,
se perdieron los dos sueldos.
Pasasteis a ser cenizas
arrastradas por el viento,
a vivir como proscritos
condenados al destierro.
Y van pasando los días,
y van muriendo los sueños,
y la luz de la esperanza
brilla cada vez más lejos.

Y las cartas...
Y las cartas...
con tu currículum vitae
que no sabes por qué mandas,
sólo muy de cuando en cuando
te encuentras con que te llaman
para cortas entrevistas
donde preguntan chorradas,
o dinámicas de grupo
donde tipos con corbata
prácticamente se ríen
de los que optan a la plaza.
Y en la Oficina de Empleo
colas cada vez más largas
cuando vas cada tres meses
a renovar la demanda.

Y el silencio...
Y el silencio...
que se extiende por el piso
como si fuera una plaga,
y estar los dos en la mesa
sin decir una palabra,
y chocarte con sus ojos,
y encontrar en su mirada
el reflejo de tu propia
soledad acompañada.
Y la ponzoñosa tele
que silenciosa te mata,
y apagarla y encenderla,
y encenderla y apagarla,
y que los teledïarios
se claven en tu garganta.

Y las dudas...
Y las dudas...
porque ya sólo te quedan
cuatro meses de subsidio
y no atisbas la salida,
y no ves ningún camino,
en todas las direcciones
hay horizontes perdidos.
Y pasear por la calle
de la mano de tu hijo
y que te pida un juguete
y negarlo con un grito,
o mirar sus ojos grandes
y concederle el capricho
con la sensación atroz
de cometer un delito.

Y el orgullo...
Y el orgullo...
que se ahoga en la impotencia,
la dignidad es un cuento
cuando ves a la miseria
en el fondo del espejo.
Y visitar a tu madre
y que ella te dé dinero
y aceptarlo con la rabia
corroyéndote por dentro.
Y tener crisis de llanto.
Y no saber cuánto tiempo
podréis pagar la hipoteca
mientras van disminuyendo
lo ahorros que guardabais
tras ilusiones y esfuerzos.

Y la angustia...
Y la angustia...
Esa opresión en el pecho
que ya siempre te acompaña.
Y racionar el champú.
Y racionar hasta el agua.
Y contemplar cómo sigue
la vida tras la ventana.
Y acostarse por la noche
y dar vueltas en la cama.
Y no saber qué pensar,
y no querer pensar nada
porque pensar es peor,
porque es pensar en mañana.
Y las horas, y las horas,
más y más horas, que pasan...

domingo, 7 de octubre de 2012

¿Curación...?

De las cosas más curiosas que he escrito. Una composición bastante extraña en su forma. Me ha costado decidirme a publicarla, pero ahí va. La historia es pura fantasía. Porque un simple paseo no es suficiente. Pero molaría que lo fuera.

Imagen: J.A.V.I.



PASEO NOCTURNO

Todas las estrellas de la noche no llenan el vacío que me embarga,
no hay bastante oxígeno en el aire para atenuar mi asfixia tras tu marcha,
ni en la playa arena suficiente para tapar las grietas de mi alma.

Es cierto. Y, sin embargo…
me está gustando este paseo por la orilla.
Tal vez sea el sonido del mar rompiendo
en mis oídos cansados
o tal vez la suave calidez de la brisa
pero me siento totalmente sereno.

Camino despacio por la arena mojada, y no veo el mar como un torrente de lágrimas.
Es un principio.
Veo a a dos niños jugando (¡a estas horas!) y no me irrita la alegría de sus caras.
Es un alivio.
Un hombre pasa corriendo con un perro. De ti y de mí no sabe absolutamente nada.
¡Y no le envidio!

El dolor sigue ahí. Aún lo percibo.
Es la angustia febril la que se ha ido.

Oigo a la ciudad llamarme, como antes solía hacer.
Iré a perderme en los antros, iré a bailar y a beber,
y antes que acabe la noche, me acordaré de volver.
Llevo demasiado tiempo sin ver un amanecer.

domingo, 24 de junio de 2012

Un divino despertar...

Esto nació como un intento (fracasado) de verso libre. Mira que otras veces se muestran esquivas pero en esta ocasión, según escribía, las rimas me salían como setas. Yo protestaba, decía: "¿Qué hacéis aquí? Hoy no os he llamado". Pero las muy puñeteras insistían. Así que al final me rendí y decidí hacerlo todo rimado, aunque la rima no corresponda a ninguna estrofa, y el poema tampoco tenga ninguna definición métrica. Me ha quedado una cosa bastante extraña, pero tiene algo que me gusta, así que yo lo publico y que las musas me perdonen.

Imagen: Brett Sayer



TACTO Y LUZ

Cuando todo es silencio,
cuando no existe nada sino el tiempo,
en las horas muertas de la madrugada
hay algunas noches en que me vuelvo
despierto
hacia tu lado de la cama
y lo único que veo
es una negrura densa,
una espesa atmósfera velada
en la que no adivino tu presencia.
Me asusto, tiemblo de miedo
y en esa oscuridad, que es como un magma
primigenio,
en ese fértil vacío,
extiendo ansioso mis brazos
al tiempo que te imagino
y te deseo
hasta que, por fin, con un suspiro
se produce el contacto
y comienzo a acariciar tus miembros lacios
con infinita y tierna devoción,
y mientras recorro tu cuerpo con mis dedos
me siento como un dios en el supremo
acto de la creación,
y pienso que te edifico con mis manos
como la luz edifica los espacios,
la luz
cálida del sol
que empieza a filtrarse por la persiana,
la luz
del despertador
que apago cuando anuncia la mañana,
la luz
de la habitación
que enciendo para contemplar mi obra
mientras pronuncio aquel poderoso hechizo:
“levántate, cariño, ya es la hora”.
Y entonces despiertas tú, recién nacida,
y preguntas qué hora es, y yo sonrío
y te invito a compartir el nuevo día
conmigo.