Es lo que nos están dejando: nada. Camino llevamos de que cada vez haya más estampas como esta. Otra vez un poema triste, a ver si el próximo me sale más alegre.
Imagen: Carlos Becerra
ELEGÍA
Nada. No queda nada. Nada. Nada.
Se lamenta el obrero ante el espectro
de lo que no hace mucho era la fábrica
donde sus diestras manos entregaron
el talento de sus mejores años.
Observa triste las paredes sucias,
la basura esparcida, los escombros,
los cristales rotos, el abandono,
la opresiva vacuidad del espacio,
y se acuerda de cuando allí latían
el corazón, la ilusión, el orgullo
y la prosperidad de la comarca.
Los ojos no se acostumbran al cambio,
las ausencias se clavan en su carne,
y el silencio se torna angustia física
en el inmenso y tétrico vacío.
Ya no se oyen las risas y las bromas
entre los compañeros de trabajo.
Ya no se escucha el ruido de las máquinas.
Han desaparecido aquellas prisas,
los bostezos, las miradas furtivas,
las miradas confiadas, el cansancio,
el aroma dulzón de la rutina.
Ya no quedan órdenes por cumplir,
ni hay que satisfacer ningún pedido.
¡Qué sensación de muerte donde antes
hubo tantas vidas entretejidas!
¿Qué fue de los sudores compartidos?
¿Para qué tantas horas regaladas?
¡Tantas preocupaciones inquietas
alterando su vida familiar
para desembocar en esta ruina!
Ya sólo conviven en el silencio
las sombras, los ecos y los fantasmas.
Nada. No queda nada. Nada. Nada.
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viernes, 29 de marzo de 2013
domingo, 12 de agosto de 2012
Lluvia...
En estos días de sol asfixiante, me ha apetecido recordar la lluvia. Lluvia que, según las circunstancias, puede resultar asfixiante también.
Imagen: Carlos Becerra
Imagen: Carlos Becerra
LOS COLUMPIOS
¡Qué
tristes los columpios por la noche
sin los
gritos y risas infantiles,
solitarios,
quietos y silenciosos!
¡Qué triste
en los teatros la mañana
sin
actuaciones, música ni aplausos,
con los
patios de butacas vacíos!
¡Qué triste
mi morada cuando llueve,
las manchas
de humedad parecen sangre
y hay lágrimas en todas las ventanas!
La soledad
es hiel que se respira.
El eco en
todas las habitaciones
es
constante recuerdo de tu ausencia.
Los niños
volverán a los columpios,
el público
volverá a los teatros,
el sol
volverá tras el aguacero,
pero tú no
volverás a mi lado
y lo más
triste es que no me importa,
sólo es un
grado más en el infierno,
porque la
soledad y la tristeza
ya gobernaban
en el hogar antes,
mucho antes
de que tú te marcharas.
La función
de hoy comienza a las ocho.
Hace días
que me compré la entrada.
¡Maldita
lluvia que sigue cayendo!
Yo quería
pasarme por el parque
para
escuchar las risas de los niños
que juegan
felices en los columpios.
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