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viernes, 29 de marzo de 2013

Decadencia...

Es lo que nos están dejando: nada. Camino llevamos de que cada vez haya más estampas como esta. Otra vez un poema triste, a ver si el próximo me sale más alegre.

Imagen: Carlos Becerra



ELEGÍA

Nada. No queda nada. Nada. Nada.
Se lamenta el obrero ante el espectro
de lo que no hace mucho era la fábrica
donde sus diestras manos entregaron
el talento de sus mejores años.
Observa triste las paredes sucias,
la basura esparcida, los escombros,
los cristales rotos, el abandono,
la opresiva vacuidad del espacio,
y se acuerda de cuando allí latían
el corazón, la ilusión, el orgullo
y la prosperidad de la comarca.
Los ojos no se acostumbran al cambio,
las ausencias se clavan en su carne,
y el silencio se torna angustia física
en el inmenso y tétrico vacío.
Ya no se oyen las risas y las bromas
entre los compañeros de trabajo.
Ya no se escucha el ruido de las máquinas.
Han desaparecido aquellas prisas,
los bostezos, las miradas furtivas,
las miradas confiadas, el cansancio,
el aroma dulzón de la rutina.
Ya no quedan órdenes por cumplir,
ni hay que satisfacer ningún pedido.
¡Qué sensación de muerte donde antes
hubo tantas vidas entretejidas!
¿Qué fue de los sudores compartidos?
¿Para qué tantas horas regaladas?
¡Tantas preocupaciones inquietas
alterando su vida familiar
para desembocar en esta ruina!
Ya sólo conviven en el silencio
las sombras, los ecos y los fantasmas.
Nada. No queda nada. Nada. Nada.

domingo, 12 de agosto de 2012

Lluvia...

En estos días de sol asfixiante, me ha apetecido recordar la lluvia. Lluvia que, según las circunstancias, puede resultar asfixiante también.

Imagen: Carlos Becerra





LOS COLUMPIOS

¡Qué tristes los columpios por la noche
sin los gritos y risas infantiles,
solitarios, quietos y silenciosos!
¡Qué triste en los teatros la mañana
sin actuaciones, música ni aplausos,
con los patios de butacas vacíos!
¡Qué triste mi morada cuando llueve,
las manchas de humedad parecen sangre
y hay lágrimas en todas las ventanas!
La soledad es hiel que se respira.
El eco en todas las habitaciones
es constante recuerdo de tu ausencia.
Los niños volverán a los columpios,
el público volverá a los teatros,
el sol volverá tras el aguacero,
pero tú no volverás a mi lado
y lo más triste es que no me importa,
sólo es un grado más en el infierno,
porque la soledad y la tristeza
ya gobernaban en el hogar antes,
mucho antes de que tú te marcharas.
La función de hoy comienza a las ocho.
Hace días que me compré la entrada.
¡Maldita lluvia que sigue cayendo!
Yo quería pasarme por el parque
para escuchar las risas de los niños
que juegan felices en los columpios.