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domingo, 17 de febrero de 2013

Debe haber esperanza...

...en alguna parte, pero me cuesta encontrarla. La podredumbre que se respira ha alcanzado ya niveles intolerables. Perdonad si no soy demasiado optimista.

Imagen: SanPe





CIELO SIN ESTRELLAS

No hay que adaptar a Marx a nuestros días
ni añorar a los viejos dictadores.
Necesitamos nuevas utopías.
Necesitamos nuevos soñadores.

Nada esperamos ya de esos señores
cuyas conciencias se han quedado frías.
Insensibles a llantos y clamores
exigen sacrificios y porfías,

imponen penurias y carestías,
mientras ellos, ufanos receptores
de sobres con cuantiosas regalías,
coleccionistas de cargos, gestores

de la pública escoria, vendedores
de humo con aroma a ideologías,
persisten en subastar sus favores
y hacer negocio con sus simpatías.

Y no ofrece mayores garantías
ninguno, entre los competidores.
Todos dicen las mismas tonterías,
hipócritas e igual de estafadores.

Ya son insoportables los hedores
que desprenden sus nobles señorías.
Se han corrompido el aire y los colores,
y los sueños nacen con malatías.

Se nos multiplican las agonías,
los suicidios, el hambre, los horrores…
pero ellos enarbolan dilogías
y otorgan validez a sus errores.

Mas los datos no pueden ser peores:
se están hundiendo las economías.
¿Qué buscan en verdad esos traidores
canallas con sus medidas impías?

No creo en milagros ni santerías.
¿Acaso ya no existen pensadores?
No hay nadie que proponga teorías,
modelos ni soluciones mejores,

salvo parchear los mismos motores
y encarrilarnos en las mismas vías.
Necesitamos nuevos soñadores.
Necesitamos nuevas utopías.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Hay otros mundos...

...pero están en este, como se decía en un viejo anuncio de colonia. O más bien habría que decir que están en la mente de gente como Philip K. Dick, Ursula K. LeGuin, Orson Scott Card, Isaac Asimov...  por citar sólo unos pocos. Pues sí, hoy he decidido rendir tributo de agradecimiento por las muchas horas pasadas disfrutando con la lectura de “Las estrellas, mi destino” (Alfred Bester), “La guerra de las salamandras” (Karel Čapek), “En un lugar llamado Tierra” (Jordi Sierra i Fabra) y tantos y tantos maravillosos libros. Un género inagotable.

Imagen: Eduardo Alonso Álvarez



SCI-FI

No pienses sólo en viajes siderales,
extraños seres de mundos distantes,
pistolas de rayos, robots parlantes
o fabulosas naves espaciales.

En su obra los autores más geniales
se plantean grandes interrogantes,
con teorías físicas brillantes
o siniestras distopías sociales.

Porque puede tratar todos los temas
dándoles una nueva solución,
porque alumbra universos y sistemas,

desafíos a la imaginación,
porque siempre me rompe los esquemas,
siempre regreso a la ciencia-ficción.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Una carretera al infinito...

...que habita en nuestro cerebro. Un lugar donde escapar (momentáneamente) de la mediocridad. Menos mal que nos queda la fantasía.

Imagen: Eduardo Alonso Álvarez




EL REFUGIO INTERIOR

Si alguna vez te encuentras a mi lado,
me hablas y no te hago ningún caso,
por favor, no te marches enfadado.
Quédate, persiste, vuelve a intentarlo,
sacúdeme un poco si es necesario,
y te atenderé presto y encantado.
Si luego preguntas lo que ha pasado,
responderé que estaba navegando
por mi imaginación, campo abonado
de sueños, fantasías y milagros,
un territorio fértil y tan vasto
que nunca terminaré de explorarlo.

Es una carretera al infinito
donde para viajar son requisitos
corazón de brujo y ojos de niño.
Es tanto infierno como paraíso:
allí se encuentran todos mis amigos
y también todo aquello que he temido.
Es palacio, cabaña, burdel, circo,
estación, estadio, fonda, castillo,
desierto, selva, mar embravecido,
éxtasis, perdición, amor, martirio…
un universo que en sólo un suspiro
nace o se desvanece en el vacío.

Muchas veces encuentro más sentido
en las locas quimeras que imagino
que en la realidad gris que percibo
cada día con mis ojos y oídos.
Es muy fácil perderse en este sitio
y sentir la tentación del olvido,
sobre todo si te toca ser vecino
de un país tan propenso al desatino,
cruel y surrealista como el mío,
pero no tengas miedo, no hay peligro:
siempre tengo presente el artificio
y no pienso ceder al desvarío.

La luz del sol no borra las tinieblas
en nuestro mundo lleno de violencia.
Por eso yo cabalgo las estrellas
y dejo que repose mi conciencia
entre corazones y calaveras.
Me voy ahora, marcho hacia mis tierras,
si no me despido no te sorprendas,
no lo hago porque puede que te vea
muy pronto, cuando las luces se enciendan
en el mundo dentro de mi cabeza,
en mi patria sin nombre y sin fronteras,
sin himno, sin escudo y sin bandera.