Mostrando entradas con la etiqueta Forges. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Forges. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de abril de 2018

Facha el que lo lea...

Es broma, claro. El poema de hoy también es una broma. Y es que no deja de sorprenderme la facilidad con que hoy en día se utiliza el término "fascista". O "facha". O "franquista". Por supuesto, existen personajes que realmente se merecen esos calificativos.  Pero de un tiempo a esta parte esas palabras se han banalizado mucho, y se utilizan sin ton ni son, por motivos cada vez más irrisorios. Espero que sepan apreciar la ironía que he intentado imbuir en el texto del poema. Añado que a mí todavía nadie me ha tildado de "fascista". Quién sabe, igual con este poema consigo que lo hagan. Sería divertido.

Imagen: Forges




"FASCISTAS"

Les juro que no entiendo qué pasa últimamente.
En las redes sociales te encuentras fácilmente
con tipos que se llaman “fascistas” mutuamente
tan sólo por el hecho de pensar diferente.

Incluso las personas supuestamente listas
vomitan la palabra. Nubla todas las vistas.
Hoy nadie insulta a nadie diciendo: “¡comunistas!”.
Será que ya no hay de esos. Solamente hay “fascistas”.

Los auténticos fachas, esa terrible gente,
deben estar brindando todos con aguardiente
viendo cómo sus filas aumentan de repente.
¡Cuántos nuevos acólitos les surgen diariamente!

Y hay una paradoja con sus antagonistas:
quienes más se parecen actuando a los fascistas
son quienes más presumen de ser antifascistas
y siempre andan llamando a los demás “fascistas”.

¿Sabrán de verdad cuál es el significado
del vocablo cuyo uso les es tan apreciado?
Más bien les interesa su tono envenenado
para que a quien señalen quede estigmatizado.

Por las características de este nuevo escenario
se hace preciso un cambio. Creo que es necesario
que el término “fascista” en nuestro diccionario
pase a significar: “quien piense lo contrario”.



jueves, 1 de diciembre de 2016

Me gusta la Historia...

...como a mucha otra gente, pero a veces me da miedo lo que se hace con ella. Conocer la Historia es la mejor forma de conocer al ser humano. Y está llena de lecciones que aprender, y paralelismos que establecer. Pero me preocupa la forma en que buscamos identificarnos con la Historia. Creo que a veces la gente se olvida de que tenemos mucho más que ver con un francés, un inglés, un alemán, un argentino o un japonés de ahora mismo que con nadie que viviera hace tres, seis, ocho o doce siglos, por muy compatriota nuestro que fuera (o que nos imaginamos que fuera). Esa perniciosa identificación permite a quienes la practican manipular la Historia para engendrar, perpetuar o resucitar odios, o alienta la estupidez de querer repetir los mapas de antaño. En ese sentido he escrito este poema, con el que igual me meto en camisa de once varas, pero me da igual. Es algo que llevo tiempo queriendo decir. No lo he escrito pensando en ofender ni molestar a nadie, pero si a alguien le ofende... igual hasta me alegro.

Imágenes: Forges







IDENTIDAD HISTÓRICA

Confieso que no aguanto la manía
de utilizar la primera persona
para citar los hechos de la Historia.
Decir "nosotros", "éramos" o "hicimos"
con acontecimientos de hace siglos
es una muy solemne tontería.
Espero que no me odiéis por decir
que "nosotros"... ¡no estábamos allí!
Si compartimos nacionalidad
con los protagonistas, ¿qué más da?
No me trago esa extraña teoría
que parece existir en las naciones
repetida con pocas variaciones:
Oh, los orígenes de nuestro pueblo
se pierden en la noche de los tiempos...
¡pero somos los mismos todavía!
Tras siglos de conquistas, invasiones,
cambios culturales y migraciones,
seguimos manteniendo "nuestra esencia".
¿De verdad soy el único que piensa
que eso es una total majadería?
Que no hay pueblos eternos ni inmutables...
¡Si no somos ni como nuestros padres!
Pero nos encanta identificarnos
con un pasado al que idealizamos.
Estamos apañados hoy en día
con la prostitución de la memoria.
¡Pues claro que hay que conocer la Historia!
Pero no idolatrarla ni adorarla
ni muchísimo menos adaptarla
para que sea como nos gustaría,
maquillando los acontecimientos
para que cuadren bien con nuestro cuento.
Es algo en lo que son especialistas
todas las clases de nacionalistas:
convertir la Historia en Mitología,
en un glorioso y épico relato
lleno de personajes legendarios
en el que luchan "malos" contra "buenos"
(los buenos, por supuesto, son "los nuestros").
¡Epopeyas de honor y gallardía!
La realidad es algo tan prosaico...
Queremos que haya épica en lo arcaico,
grandes héroes a los que admirar
y enemigos mortales a los que odiar.
¡Y el que se oponga es reo de herejía!
Justificamos los resentimientos
adjudicando a gentes de otros tiempos
motivaciones e ideas actuales.
¡Pronto dirán que los neandertales
lucharon por nuestra misma utopía!
No son más que ilusiones y mentiras.
Si te dejas de cuentos e investigas
cuáles fueron los auténticos hechos
te encuentras con fenómenos complejos,
muy alejados de esa fatua elegía.
¿Por qué sentimos la necesidad
de una vieja y mítica identidad?
Bien está recordar viejas batallas,
pero no adjudicarnos sus medallas.
Nadie que las libró nos conocía.
Y si uno, por magia, nos conociese
no sé si iba a gustarle lo que viese.
Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido
y los enormes cambios producidos
creo que no nos reconocería.
¡Basta ya de fantasmas que añorar!
La Historia no es un modelo a imitar.
Nos dice cómo se llegó hasta aquí,
no por dónde tenemos que seguir.
Es absurdo tomarla como guía.