jueves, 14 de junio de 2018

Hoy comienza el Mundial...

...así que me he puesto en plan provocador.

Imagen: Antranias




ANTI-FÚTBOL

No pienso ver ningún partido del Mundial,
ni siquiera aunque España llegue hasta la final.
Estoy harto del fútbol, me niego a celebrar
el principal reducto que hay en la actualidad
de actitudes machistas, racistas y demás.
No entiendo que un deporte se tenga que afrontar
cual si fuera una guerra de baja intensidad,
con odios que culminan en violencia tribal.
Hasta cuando son niños quienes van a jugar
la gente va a los campos a gritar e insultar
cuando no a pelearse, ¡vaya ejemplaridad!
Los ídolos del fútbol… ¡cuánta grima me dan!
Prepotentes propensos al delito fiscal,
niñatos insolentes que por su edad mental
diría que no pasaron aún la pubertad.
La prensa futbolera… ¡menudo lodazal!
¿A lo que hace esa gente lo llaman “informar”?
Cotillas que parecen porteras de portal
soltando chismorreos idiotas sin parar,
amantes de la hipérbole que buscan fomentar
un sentimiento ciego, una fe irracional.
No creo en sacrificios ni en el honor grupal,
los himnos y banderas nunca me hacen llorar.
El “sentir los colores”, el “salir a luchar”,
el “morirse en el campo” y todo ese percal
no me sugieren nada salvo banalidad.
Y por si fuera poco, tenemos que aguantar
la presión agobiante de la publicidad.
Lo siento, pero me entran las ganas de emigrar.
Pero emigrar.. ¿a dónde? ¡Si están todos igual!

martes, 17 de abril de 2018

Facha el que lo lea...

Es broma, claro. El poema de hoy también es una broma. Y es que no deja de sorprenderme la facilidad con que hoy en día se utiliza el término "fascista". O "facha". O "franquista". Por supuesto, existen personajes que realmente se merecen esos calificativos.  Pero de un tiempo a esta parte esas palabras se han banalizado mucho, y se utilizan sin ton ni son, por motivos cada vez más irrisorios. Espero que sepan apreciar la ironía que he intentado imbuir en el texto del poema. Añado que a mí todavía nadie me ha tildado de "fascista". Quién sabe, igual con este poema consigo que lo hagan. Sería divertido.

Imagen: Forges




"FASCISTAS"

Les juro que no entiendo qué pasa últimamente.
En las redes sociales te encuentras fácilmente
con tipos que se llaman “fascistas” mutuamente
tan sólo por el hecho de pensar diferente.

Incluso las personas supuestamente listas
vomitan la palabra. Nubla todas las vistas.
Hoy nadie insulta a nadie diciendo: “¡comunistas!”.
Será que ya no hay de esos. Solamente hay “fascistas”.

Los fascistas auténticos, esa terrible gente,
deben estar brindando todos con aguardiente
viendo cómo sus filas aumentan de repente.
¡Cuántos nuevos acólitos les surgen diariamente!

Y está la “paradoja de los antagonistas”:
quienes más se parecen actuando a los fascistas
son quienes más presumen de ser antifascistas
y siempre andan llamando a los demás “fascistas”.

¿Sabrán de verdad cuál es el significado
del vocablo cuyo uso les es tan apreciado?
Más bien les interesa su tono envenenado
para que a quien señalen quede estigmatizado.

Por las características de este nuevo escenario
se hace preciso un cambio. Creo que es necesario
que el término “fascista” en nuestro diccionario
pase a significar: “quien piense lo contrario”.



lunes, 1 de enero de 2018

Un nuevo año...

...comienza, y está bien comenzarlo con un poema.

Imagen: Carlos Becerra




POEMA DE AÑO NUEVO 2018

Una Navidad más, otro año que termina
y sigue gobernando la estupidez supina.
Reverdecen los odios, florecen las inquinas
y aquí ya sólo medran las lenguas viperinas.
“Que se joda”, decimos, si alguien lo pasa mal
y no es de nuestra tribu, o nuestro orden moral.
Y nunca falta un listo con la argumentación
que tilda de “derecho” a lo que es sinrazón.
Jorobar a “los otros” para arreglar “lo tuyo”
no es justo ni valiente, sino ser un capullo.
Pero nos aferramos a las identidades
y a sus vetustos mitos, llenos de falsedades.
Incluyo aquí también los mitos de la izquierda
y los de la derecha. Todo es la misma mierda.
Crear nuevas barreras no soluciona nada,
sólo hace la carrera aún más complicada.
Pronto nos hará falta crear nuevos axiomas,
palabras que no existen en los viejos idiomas.
Pero, siendo esto cierto, tenemos un problema:
¿Cómo demonios vamos a cambiar el sistema
cuando hasta los que dicen que desean cambiarlo
hacen cosas que sólo llevan a perpetuarlo?
Nos hipnotiza el tiempo, nos fascina el pasado.
Hay demasiados hechos que damos por sentado
porque vienen de lejos y nadie se plantea
que cambiarlos sería la principal tarea.
Una revolución, pero una de verdad
en cuyo enfoque quepa toda la humanidad.
¡Paz para todo el mundo, la gran fraternidad!
¿No es eso lo que siempre se dice en Navidad?
No me vengáis ahora con que es hipocresía,
un cuento comercial, pura palabrería…
Lo sé, pero me gusta ese ideal navideño
porque no solamente se centra en lo pequeño.
Hoy hay que hacer lo mismo: cualquier cambio local
debe tener en cuenta un concepto global.
Por eso y porque siempre lo digo en estas fechas
y algunas tradiciones me parecen bien hechas,
aunque las Navidades os importen un huevo,
yo quiero desearos un Feliz Año Nuevo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

La Ley es la Ley...

Cuando mi admirado Antonio Muñoz Molina recibió en el 2013 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, uno de los actos que se organizó en Oviedo fue una charla-coloquio con clubes de lectura a la que tuve el placer de asistir personalmente. En esa charla, entre otras cosas, reflexionó sobre cómo en España no había calado la idea del respeto a la ley. Cómo no se había sabido construir una legalidad democrática. 

Ahora mismo, con el desafío catalán, el Gobierno español parece haber "descubierto" la ley. Sus representantes no paran de decir que "hay que cumplir las leyes". Bueno, no deja de resultar irónico que diga eso el Gobierno del país que en los últimos años ha tenido que pagar más dinero en multas a la Unión Europea por incumplir la normativa comunitaria. El mismo Gobierno que aprobó una amnistía fiscal que fue anulada por el Tribunal Constitucional, y que está en manos de un partido político con incontables casos de corrupción a sus espaldas. ¡Y ahora son los campeones de la ley!

Naturalmente, es cierto que los responsables políticos catalanes se están saltando a la torera todas las leyes, y por eso yo desde luego no me escandalizo por las detenciones y registros que se están produciendo en Cataluña. Más bien me extraña que haya quien se escandalice tanto. Lo que me apena es que pienso que no debería haberse llegado hasta aquí.

Si las personas que ocupan los más altos cargos son las primeras en vulnerar las leyes, ¿qué cabe esperar entonces que haga la gente? Exactamente lo mismo, porque para empezar no hay diferencia entre gobernantes y gobernados. Todos vivimos en la misma cultura y nos comportamos parecido. Y así tenemos que España es un país donde la ley... (EL POEMA ESTÁ DESPUÉS DE LA FOTO)

Imagen: pixabay




LA LEY EN ESPAÑA

La ley en España no pinta nada,
siempre se ve como algo a superar.
Desde el Ayuntamiento que, tan pancho,
se salta un procedimiento legal,
o el organismo que a sus proveedores
les deja más de un año sin cobrar,
al fontanero que no hace factura
“y así el IVA te lo puedo quitar”.
Brindo por los pacientes funcionarios
y lo que a veces tienen que aguantar:
uno que afirma que hay que ser “flexible”,
el otro que su caso es “especial”,
“¿a ti qué más te da?”, “pórtate, hombre”,
“hazme el favor”, “¿no me vas a ayudar?”.
Y es muy cierto que hay casos especiales,
que debe existir flexibilidad,
pero lo de España es exagerado,
un odio a la ley espectacular.
Basta con ver las frases que se escuchan
en relación con la legalidad:
“Yo soy el alcalde, me votó el pueblo,
ninguna ley me va a sobrepasar.”
“No hay que obedecer las leyes injustas,
hay que saltárselas, ¿verdad?, ¿verdad?”
“Cuidado, que yo conozco al ministro”
(o al consejero, o al concejal).
 “Pásame al jefe, que es amigo mío,
ya verás cómo él me va a autorizar.”
“La norma podrá decir lo que quiera,
pero esto lo tenemos que arreglar.”
“Yo esa ley no la voté cuando se hizo,
así que no la tengo que acatar”.
“Lo que tenéis que hacer es abrir puertas,
no cerrarlas. ¿Me quieres escuchar?”
“¿Es que eres un esclavo de las normas?
Tú hazlo, que nadie se va enterar”.
Lejos de mí ponerme moralista,
pontificar si esto está bien o está mal.
Sólo tengo una duda razonable:
Así, ¿a dónde iremos a parar?



Por último, decir que si a alguien le interesa saber lo que dijo Antonio Muñoz Molina, la charla puede verse íntegramente aquí: https://www.youtube.com/watch?v=Ad6WeaHXtYE

La reflexión sobre la ley está en el minuto 50'30'', aunque recomiendo ver la charla entera, claro.