lunes, 15 de abril de 2019

Quo vadis democratia?...

El estado de la cuestión. O eso creo. Admito que no soy muy optimista.

Imagen: Broderick Crawford en el film "All The King's Men" (El político), dirigido por Robert Rossen en 1949.





DERIVA

Y qué triste es ver a la democracia
convertida en una competición
en la que prima la sobreactuación
con el objetivo de caer en gracia,
ya sea argumentando una falacia
o acusando al contrario de traición.
El demonio de la confrontación
es un demonio que nunca se sacia.
Hoy se aplaude a líderes arrogantes,
ignorantes que ansían dictar leyes
y ocultan verdades a los votantes:
el carro por delante de los bueyes.
Nuestros democráticos gobernantes
cada vez se parecen más a reyes.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Espero no provocar ninguna víctima...

...con este nuevo poema, en el que empleo la ironía para hablar del muy actual fenómeno de quienes utilizan el victimismo como una forma de justificarse, conseguir poder y lograr sus objetivos.

Imagen: "ma é un' ingiustizia.." ¿Os acordáis de Calimero? Saqué la imagen de un artículo de la "Gazzetta di Parma".




VICTIMISMO MILITANTE

Quiero sentirme una víctima
de nuestra cruel sociedad.
Quiero tener libertad
sin responsabilidad.

Quiero sentirme una víctima
pero sin necesidad
de padecer de verdad
ninguna calamidad.

Quiero sentirme una víctima
y tener a quién culpar.
De mis problemas hallar
alguien a quien acusar.

Quiero sentirme una víctima.
Tengo piedras que lanzar,
insultos que teclear
y odio que vociferar.

No importan mis malos modos
ni a quién pueda fastidiar.
¡Siendo una víctima todos
me deben justificar!

Si un mal día me equivoco
y algún daño te provoco,
que sepas que me haré el loco.
La culpa es de los demás.

Y si yo mismo he causado
lo que me ha perjudicado,
da igual: monto un altercado.
La culpa es de los demás.

Porque he hecho conmigo un pacto:
no volver a ser, de facto,
responsable de mis actos.
La culpa es de los demás.

Si no es cierto lo que cuento…
¡que nadie diga que miento!
Lo que importa es lo que “siento”.
La culpa es de los demás.

No importa el tema o el modo
que uses para protestar.
¡Siendo una víctima todo
lo puedes justificar!

No debes desanimarte:
Encuentra de quién quejarte…
¡y podrás ser juez y parte!
¿Tú eres víctima? ¡Yo más!

Algo habrá turbio y soez,
algún trauma en la niñez
que te otorgue orgullo y prez.
¿Tú eres víctima? ¡Yo más!

¡Que la bilis sea tu savia!
Y que se impregne en tu labia
tu grosera y tonta rabia.
¿Tú eres víctima? ¡Yo más!

¡¡Hoy en día estás aviado
si no eres miembro probado
de un colectivo agraviado!!
¿Tú eres víctima? ¡Yo más!

No importa el tema o el modo
que uses para protestar.
¡Siendo una víctima todo
lo puedes justificar!

Cuando yo sea una víctima,
con la conmiseración
podré imponer mi visión,
mejorar mi posición.

Porque si soy una víctima
nadie me pondrá en cuestión.
Quien dude de mi versión
va a parecer un cabrón.

Cuando yo sea una víctima
hablaré desde mi atril
y acusaré de ser vil
a quien no me sea servil.

Porque si soy una víctima
criticarme es baladí.
¡Y el poder que conseguí
lo puedo usar contra ti!

No importan mis malos modos
ni a quién pueda fastidiar.
¡Siendo una víctima todos
me deben justificar!

martes, 1 de enero de 2019

Año Nuevo una vez más...

...y he vuelto a escribir un poema. ¡Feliz Año Nuevo!

Imagen: la foto es mía.





POEMA DE AÑO NUEVO 2019

Deseos de Año Nuevo tengo para vosotros:
Que no críe serpientes el odio en vuestra boca.
Que aprendáis a escuchar antes que a soltar gritos.
Que no sea el cinismo vuestra triste rutina
y que no os esforcéis en ganar enemigos.

Que disfrutéis del aire, del sol en los caminos,
del arte, de la música, del cine y de los libros.
Que las risas acampen en vuestro territorio.
Y que no seáis víctimas de la atroz epidemia
de estupidez banal que está infectando al mundo.

Que os den muchos “me gusta”, que os compartan los memes,
pero que vuestros lazos no sólo sean virtuales.
Que tengáis quien os hable de cara y frente a frente,
que recibáis abrazos, que os besen en los labios
y que no falten niños que se os tiren encima.

Que no miréis con miedo por encima del hombro
ni sintáis ansiedad ante ninguna puerta.
Que encontréis el futuro donde lo habíais dejado.
Y que dentro de un año tengáis muchos amigos
a los que desearles un Feliz Año Nuevo.

sábado, 11 de agosto de 2018

Concierto de verano...

Yo voy a conciertos todo el año, pero la mayoría caen en verano. Pienso que el amor y la música se complementan, y se me ocurrió la historia que hoy os presento.

Imagen: la foto es mía.





NOSTALGIA DEL FUEGO

Ya salen: guitarra, batería, bajo,
el saxofonista, y el de los teclados.
El cantante se hace de rogar un rato
pero tiene el tiempo muy bien calculado
para que el aforo estalle en aplausos
cuando él aparezca, de rojo ataviado,
haciendo sus poses de chulo de barrio.
Sí, puede que añoren los tiempos pasados
cuando eran capaces de llenar estadios
pero ellos se entregan sobre el escenario
y tú estás delante, con ella a tu lado.
Este no está siendo vuestro mejor año
y las discusiones son lo cotidiano.
Incluso el divorcio, cual buitre leonado,
desde las alturas planea acechando.
Pero ambos sabíais que esto era sagrado,
contabais los días para reencontraros
otra vez con vuestros ídolos de antaño.
Así que hoy hay tregua, un pacto callado
que os mantiene juntos, y paladeando
vuestras dos cervezas en vasos de plástico.
Las canciones traen recuerdos tan gratos
que en comparación resultan amargos.
¡Ay, aquellos jóvenes tiempos alocados!
Todo parecía menos complicado.

Llega la balada, y un bosque de manos
en la dulce noche luce sus smartphones.
Levantas el tuyo sintiéndote extraño.
Nostalgia del fuego, las llamas brillando…
¡Los mecheros daban mucho más encanto!
Cuando se termina, os veis atrapados
en una marea de besos y abrazos
y con la corriente, también vuestros labios
se unen en un beso con aliento amplio.
En ese momento, no existen agravios
y todos los pesos parecen livianos.
Un fugaz instante, porque de inmediato
entre vuestros cuerpos renace el espacio.
Ambos sonreís, un poco azorados.
Los ojos preguntan: “pero, ¿qué ha pasado?”.
La única respuesta son hombros alzados.
No hay tiempo de más, porque están sonando
los viejos acordes del que es su gran clásico,
la canción que todos están esperando.
Hay saltos, aullidos, mil puños en alto
y un coro infinito que vibra entonando
palabras que dejan el aire temblando.

Bailan los colores, sigue el espectáculo.
Pies y corazones van acompasados.
El guitarrista hace su solo más largo
(dedos en el aire tratan de imitarlo)
y el concierto alcanza ya su final falso.
Regresan tras irse (el típico amago)
y anuncian dos temas que son un regalo.
Gozáis sin mesura con el arrebato
que comparten tantos sudores hermanos.
Luego reverencias, ovación y halagos,
vuelan las baquetas, y esto se ha acabado.
“¡Geniales!” “¡Qué grandes!” “Brutal” “Me ha encantado”.
“¿Tomamos la última?” “No, mejor nos vamos”.
“El coche, ¿recuerdas dónde lo dejamos?”.
“Me acuerdo, tranquilo. Está más abajo”.
Emprendéis la marcha de camino al auto
y tú te preguntas si hay que intentar algo.
En un movimiento bastante arriesgado
rozas su muñeca con sumo cuidado
y ella corresponde cogiendo tu mano.
Luego, fugazmante, volvéis a miraros.
Eso será todo, lo tenéis muy claro.
¡Tan frágiles son los acuerdos tácitos!
Por eso ninguno quiere estropearlo
y así, de la mano, seguís caminando,
los dos en silencio, los dos deseando
que la tregua alcance a todo el verano.

¿Existe el futuro? Mejor no pensarlo,
y dejar que todo vaya paso a paso.
Cierto es que ninguno creéis en milagros,
el cinismo ha hecho muy bien su trabajo.
Pero es que hoy los músicos os lo han demostrado:
El “Rock” no está muerto. Sólo está cansado.